La posición de las mujeres en la sociedad ha evolucionado
mucho en los últimos tiempos, debido fundamentalmente al
cambio que supone su incorporación al mundo del trabajo
remunerado. Con todo, los principios igualitarios y democráticos
se superponen a usos y costumbres tradicionales, a una forma de
organización familiar diseñada para un mundo en la
que las mujeres y los hombres sostienen roles y responsabilidades
diferenciadas. Tradicionalmente ha sido el hombre el encargado
de suministrar los recursos económicos, mientras que las
mujeres se encargaban del trabajo domestico.
Las labores de atención y cuidado del hogar son indispensables
para que la sociedad subsista, y su atención hace que, frecuentemente,
las personas que las asuman en solitario tengan que renunciar a
un proyecto de vida propio y personal, para dedicarse a ellas,
o bien tengan que realizar un enorme esfuerzo personal para compatibilizar
vida laboral, personal y familiar.
Si seguimos a reproducir la división sexual del trabajo
a través de la transmisión de valores y funciones
vinculadas al genero, las responsabilidades laborales y familiares
de las mujeres se seguirán acumulando mayoritariamente en
las mujeres, en oposición a una sociedad democrática
donde debe basarse en un modelo en el cual se den relaciones igualitarias
entre las personas.
Se hace necesario entonces, configurar un nuevo modo de cooperación
y compromiso entre mujeres y hombres que permita un reparto
equilibrado de responsabilidades en la vida familiar y privada,
rompiendo con la tradicional asignación de roles. Así,
de la misma forma que las mujeres han entrado en el mundo del trabajo
remunerado, los hombres deben asumir sus responsabilidades en el ámbito
domestico.
La corresponsabilidad o asunción compartida de responsabilidades
implica la existencia de un equilibrio en la toma de decisiones,
en el reparto de responsabilidades y en la distribución
del tiempo es la única vía posible para que toda
persona pueda desarrollarse plenamente tanto en el ámbito
personal como laboral sin tener que renunciar a ninguna de estas
dos esferas.
Optar por este reparto produce un beneficio mutuo, construyendo
relaciones más igualitarias, disminuyendo las tensiones en
el seno de la pareja y aumentando el tiempo de ocio de todas y todos
por igual.